Logo de Cómic Pupsies! Botón de seleccionar Idiomas

Idioma

Botón de Cerrar
Logo de Cómics Pupsies Botón de seleccionar idiomas

Érase una vez: Un par de cerdos que cayeron dentro de un agujero y han estado vagando en su interior a lo menos por 2 semanas…

Un Pupnde riendo y llevándose oro

- Meeeh… Creo que tuvimos que girar a la izquierda en la otra saliente… - Dijo el primer cerdo bastante confundido por la decisión tomada por el segundo.

- ¿Por qué tienes que ser tan negativo? ¡Vamos por buen camino! - Respondió el segundo, saltando de roca en roca.

- Lo lamento… Desde que intercambié todas mis “monedas de oro de la suerte” con ese Pupsie duende a cambio del mapa viejo y de dudosa verosimilitud que en este momento tienes entre tus manos y que estamos utilizando para poder salir de esta cueva, todo lo que escucho me suena a mentiras o estafas… - Planteó el primero observándolo con los ojos más bizcos de lo normal.

- Mira, el mapa muestra que hay que caminar recto por este túnel completamente oscuro, siniestro y con olor a humo… Al final hay un ascensor que nos llevará a la superficie… - Dijo el segundo intentando descifrar las inscripciones del mapa con su conveniente casco de visión nocturna, que había logrado encontrar hacia un par de días.

- Aaaahhh… – Respiró ligeramente más aliviado el primero.

- ¡Y más vale que caminemos rápido! ¡Esta runa extraña dice que también hay un dispensador de bebidas carbonatadas! – Se emocionó el segundo, pasando entre dos afiladísimas rocas.

- Me gusta la carbonatación... – Comentó el primero siguiendo al segundo a través de aquel laberinto lúgubre.

Los dos amigos caminaron en la completa oscuridad. Juraban que en la profundidad de la cueva podían oír lejanas risas de supervillano y que en ocasiones podían vislumbrar algunos “agujeros interdimensionales espontáneos”… Sólo para terminar escuchando las agudas risitas de los murciélagos, que los veían dar vueltas una y otra vez por el mismo lugar.

Finalmente, y después de dejar atrás las ruinas de lo que alguna vez fue una civilización ULTRA avanzada de pupsies, los dos extraviados llegaron a la cueva marcada en el mapa pésimamente dibujado.

Pero cuando entraron en ella y avanzaron un par de pasos, notaron… Más bien, escucharon algo bastante familiar….

“Scrip” “Clip” “Mrgip”

- Estamos pisando envoltorios de comida. - Indicó el primero.

- ¿Envoltorios de comida?… ¿Como esos que recubren los fideos o las leguminosas de los almacenes? – Preguntó extrañado el segundo, confirmando las sospechas del primero con un “yurpi”.

- No. Según mi experto oído, son mas bien envoltorios de galletas y tal vez de papitas o pequeños muffins. - Precisó el primero, añadiendo un “gruip” proveniente de su caminar. - También podrían ser de bocaditos para pupsie. –

El segundo continuó caminando sin importarle las circunstancias, ni exactamente donde habían llegado a parar. Sin embargo, se detuvo en seco cuando una trascendental e impostergable duda entró a su cabeza, y que es la única pregunta con significado existencial cuando estás en una cueva subterránea, pisando una y otra vez envoltorios de comida procesada de misteriosa procedencia...

- Viejo… ¿Cómo sabes el sonido exacto de los envoltorios de comida procesada? -

- Emm... Solo digamos que no suelo asear mucho mi casa… - Respondió el primero, ignorando por completo la extrañeza de la situación.

- Ah, bien… Sigamos, salgamos de la cueva. Después tendremos que conversar de tus hábitos de limpieza. – Le reprochó el segundo, intentando leer el mapa una vez más.

- Ahh… - Se lamentó el primero. - Pero si ellos son mis amigos. No podría tirarlos a la basura simplemente. –

Ambos se abrieron paso entre colinas de envoltorios, hasta llegar a una gran cámara.

Los envoltorios se volvieron cada vez más ruidosos, y luego más difíciles de caminar sobre ellos, y luego mas difíciles de trepar por ellos y luego… Se encontraban parados sobre una gran pila de envoltorios.

- ¡Esto me recuerda a mi casa! – Celebró el primero, dejándose caer sobre aquella montaña de envoltorios y haciendo ángeles de envoltorios.

El segundo cerdo no tuvo tiempo para reprochar al primero, porque repentinamente comenzaron a moverse los envoltorios bajo sus pies. Antes de que se dieran cuenta, había comenzado una:

- ¡¡¡¡AVALANCHA!!!! -

Gritó el segundo, apuntando en la dirección contraria de la que venía la incipiente calamidad.

No obstante, su advertencia fue inútil. Apenas terminó de gritar, los dos amigos se encontraron enterrados en envoltorios, y, por lo menos (y según yo), puede ser mejor que haya sido así; porque el Aguila-Dragón que habitaba en la cueva acababa de despertar, y no parecía muy feliz.

- ¡Alguien está aquí! – Bramó la titánica bestia, estirándose cuan grande era por la abovedada caverna. - ¡Alguien está en mi casa! ¡Alguien ha venido a destruir mi pertenencia! ¡Alguien ha venido a robarme! -

El enorme ave-reptil con cara de águila y cuerpo de serpiente alada, se deslizó por sobre la colina de envoltorios, observando con atención en todas direcciones, buscando al intruso.

- Meeee… No quiero parecer inculto, ni mucho menos grosero, oh, todopoderoso Sr. Lanzallamas viviente. Pero… ¿Qué es exactamente lo que vinimos a robar? - Preguntó el primero, saliendo de entre los envoltorios y revelando tontamente su ubicación a la bestia.

- ¡¡¡SHHHHH!!! ¡Silencio te va a oír! – Exclamó más fuerte de lo prudente el segundo, revelándose tal como el primero. - ¿No te das cuenta que es mejor salir de aquí y que no importa realmente de lo que este hablando ese bruto? -

- ¡¡QUE NO IMPORTA REALMENTE?! – Rugió el dragón, haciendo temblar y retumbar la cueva. - ¡Esta es la colección más grande y completa de envoltorios de comida procesada, proveniente de supermercados y sucuchitos de dudosa reputación que encontrarás en la vida! – Se jactó aterrizando a escasos centímetros de los intrusos el dragón.

Los dos cerdos se miraron y se encogieron de hombros, para luego escuchar las quejas del gigantesco dragón rojo.

- Han sido años y años de ir de tienda en tienda, de basurero en basurero, de cóctel en cóctel, ¡todo para lograr tener todos estos trocitos de plástico etiquetado en un único lugar! ¡Una obra de fanatismo tan minuciosa, gigante y pedante no encontrarás, salvo en la bóveda asegurada de la colección “Pigionicle” de LJ.PIG! ¡Y tú dices que esto es nada! – Fanfarroneó el ave-reptil furioso.

- Naaaa, él no dijo que esto no era nada, solo dijo que cree que no importa. – Precisó el primero, lo que le garantizó una potente llamarada a la cara de su amigo.

- ¡¡¡AHHHHAAAAA!!! ¡Quema! ¡Quema! – Gritó el segundo, enterrándose en envoltorios para apagar el fuego.

- Insignificantes cerdos extraviados… ¡Nunca tuvieron que descender a estas profundidades! Aquí solo encontraran ahora… ¡Su perdición!… Y mi cena…. – Silbó el gigantesco dragón, deslizándose con suavidad hacia los intrusos, para un bocadillo bien asado.

- ¡Alto! ¡Espera! ¡Tu colección no está completa! - El brazo del segundo cerdo salió de entre los envoltorios.

- Sí… ¡Sí, es cierto! – Corroboró el primero incrédulo, tras echar un vistazo rápido a la gran montaña de envoltorios.

El dragón se detuvo, entrecerró sus ojos, acercó su horripilante rostro hasta que estuvo a apenas unos milímetros de la cara del primero de los cerdos, y dijo en un susurro ácido y amenazante.

- Hablaaaaaa… -

- No veo aquí el envase de “La golosina oficial de H.G. Industries, edición de sexto-aniversario, sabor frutilla oceánica exótica”. – Aseveró el primero, confundiendo al segundo que seguía enterrado.

- ¡AUGH! – Aulló el titánico ser. – ¡No me juzgues! Esa edición solo salió un invierno… Y además solo era para empleados de la compañía… ¿Cómo crees que me pudiese yo hacer con uno? ¡¿SABES ACASO CUÁNTO CUESTA HOY EN DÍA LA REVENTA DE ESE ENVASE A MONEDA ACTUAL?! – Se lamentó la bestia flamígera de su estado financiero, dejándose caer sobre el montón de envoltorios, como si fuese apenas un sofá.

- ¡JA! ¡PERDEDOR! ¡Yo fui empleado! ¡Y tengo una en mi casa! ¡Tu colección no vale nada en comparación a la mía! ¡Juajaujaujauajau! – Rió el primero socarronamente, ignorando (voluntaria o involuntariamente) el obvio peligro en el que se encontraban.

El Águila-Dragón se abalanzó sobre él en un parpadeo, hasta empujarlo contra una pared.

- ¿Dóndeeee viveeeeessss? – Siseó amenazante el dragón, cargando cada una de sus palabras con la más venenosa de las envidias.

- No, no. Buen intento. No te lo diré. Ese envoltorio es ¡MÍO! ¡MI PRECIOSO! ¡MÍO! – Respondió el primero, agitando sus brazos sin miedo ante aquel depredador supremo.

- “Calle cucurucho 453, tercera casa a la derecha, la que seguramente parece un basural”. – Soltó el segundo sin dudar, aún oculto bajo los envoltorios. Aún olía a jamón asado.

- ¡Yajujujuuuu! - El dragón saltó de felicidad, haciendo retumbar las estalactitas y despertando a los murciélagos de su letargo. - ¡Mi colección estará completa! ¡Gracias, gracias, gracias! ¡Les otorgaré una recompensa a mi regreso! En lugar de asarlos lentamente, los freíre con un fuego tan intenso que sus huesos se derretirán antes de que se den cuenta… ¡Y luego me los comeré! Ahora, si me disculpan, tengo una colección que completar. –

Aquel titánico ave-reptil salió de la cueva, usando sus inefables poderes de teletransportación molecular avanzada. Tras un destello de luz cegadora, los cerdos estaban solos una vez más, en aquella montaña de envoltorios vacíos.

- ¡Genial! Ahora por tu culpa se robarán mi envase favorito… Y de pasada quemarán mi casa. – Masculló molesto el primer cerdo, deslizándose por los envoltorios hasta llegar al otro lado de la caverna, donde había un pequeño pasadizo que conectaba a otra galería de túneles.

- ¡Cómo narices iba a saber eso! ¡Yo me lo estaba inventando! – Se defendió el segundo siguiéndolo, y pronto encabezando la marcha reanudada. - Pero sobrevivimos para seguir buscando la salida. –

- Tienes un punto… - Suspiró el primero, acelerando el paso para no quedarse rezagado.

Tras salir de la cueva del Águila-Dragón, el primero se atrevió a hablar.

- Oye… Sería mucho más cómodo para mi poder ver por donde estoy caminando. ¿Podrías prestarme tu linterna de batería ilimitada? -

- No puedo, lo lamento. – Se disculpó el segundo, leyendo aquel “verídico y críptico mapa rúnico”. - Recuerda que también se la intercambie a ese pupsie duende por un talismán “mágico” ahuyenta Águila-Dragones… -

- Uuu… Ese no fue un buen trato… - Se lamentó el primero.

- Sip… De los peores… – Finalizó el segundo, tras girar hacia la derecha en una nueva saliente.

Fin.

STORMER

Un Pupnde riendo y llevándose una linterna
Flecha izquierda
Flecha derecha
Meme de cartel de velocidad máxima
Cómic de cerdo en pantalones cohete Cómic de cerdo en pantalones cohete
Mi proveedor de hosting