Érase una vez: “Viaje Alucinante a través de un Cuadro”, por Jean Le’Gerd, técnica mixta
El pobre gerdo pintor se encontraba desmotivado… Pero no como en esas ocasiones en la que tienes que salir de tu cómoda y calentita casa para ir a pararte a la fría, húmeda y sudorosa fila del banco más cercano por culpa de un agente telefónico que equivocó una coma decimal con un punto de millardo. No. Al pobre artista le costaba incluso levantarse del suelo en el que se encontraba tumbado boca abajo.
- ¡Oh, Tragedia! ¡Cruel e implacable capricho ineludible de la vida! ¡Solo misericordia imploro a los grandes gerdos ante tu avenimiento irrefrenable! - Se lamentaba él, sin dirigirse a nadie en particular. - ¿Por qué? ¿Por qué debía caer tan grande pena sobre mi pobre alma ya atormentada? -
Es verdad, él tenía un gigantesco problemita: Su inspiración; la mágica guía invisible que todo pintor, escultor, trovador, cantor, escritor, redactor, inventor, constructor, aplazador y ventilador posee lo había abandonado… Y para empeorar la circunstancia del desdichado, la desgracia pronto llamaría directamente a su número.
- ¡Oh, Tragedia! – Continuó hablando al vacío, tirado en el suelo de su habitación repleta de tarros de pintura vacíos y brochas despeinadas y usadas. – Si no fueses tan empeñosa con mi persona… ¿Qué esperas de este mundano servidor? ¿Aguardas a verme vivir en la miseria de la calle? Si no logro acabar mi pintura...¡Que será de mí y mis lienzos en blanco que faltan por pintar! ¡Oh! ¡Qué será de mis ideas que aún no he logrado plasmar! -
¡RIING!
El teléfono de disco de la habitación sonó como una sentencia.
Le‘Gerd se arrastró hasta la mesita del teléfono, de un golpe con el codo hizo que el aparato de comunicación cayera con precisión hasta su delgada patita y con desazón contestó.
- ¿Aloh? ¿Inspiración? - Preguntó desesperado.
- Tu-sabes-quién-soy… - Contestó una voz burlesca, lenta y tranquilamente.
- ¡CASERO! Emm… Tengo su dinero… ¡Lo prometo!… Pero, emm… Deme un poco de tiempo… Emm… Me llegará durante la tarde, lo juro, esta vez sí... Son temas bancarios, ya sabe… - El pobre gerdo con suerte se le ocurrió algo.
- Me alegro… Porque si no… ¡Te echaré a la CALLE! ¡Y todos tus muebles serán mios! ¡Jujajijajujajijaji... – Terminó el casero cortando el teléfono sin acabar su risa. Pero descuiden, esta era tan fuerte que incluso se podía escuchar a través de los tres pisos que separaban a ambos interlocutores.
- ¡AHHHHH! - Declaró sus pensamientos Le´Gerd. – Estoy A-C-A-B-A-D-O… -
Seguido a este comentario, se derrumbó en el suelo una vez más, si es que esto era posible… Mas esta vez no por mucho tiempo… Porque del cuadro en blanco que se alzaba ominoso frente a él, aquel que llevaba mirando (y del que llevaba lamentándose) toda la mañana, empezó a emanar una brillante y blanquecina luz mágica e imposible…
- ¡Oh, Tragedia! ¡Esa luz mágica e imposible esta obstruyendo la verosimilitud de mi desdicha! ¿Qué acaso no tiene respeto por aquellos que tienen la soga al cuello? - Se quejó Jean.
Desde el interior de aquella luz enceguecedora emergió una silueta y luego de empapar toda la habitación de incómodos fotones, se apagó, revelando a una gerda armada hasta los dientes con espátulas, pistolas de agua y latas de nueces mixtas. Ella observó en derredor durante una fracción de segundo.
- Em… ¿Este es el año 6,734? - Preguntó la gerda visiblemente confundida. – Si no lo es, deberé pedir un reembolso a la agencia de viajes. -
- ¡TÚ! ¡Tú has emergido de mi cuadro! ¡Debes ser mi inspiración! ¡Has venido a ayudarme en mi momento de mayor necesidad financiera! - Exclamó el artista, saltando junto a ella casi en estado de locura.
- No realmente… He venido del futuro para… - Intentó contestar ella señalando a la ventana.
- ¡Por favor, musa! ¡Estoy desesperado! ¡Buaaaaaa!… Mas aún así, pido por favor que no empieces un número de “Brodwey” con música pop para inspirarme… Los odio… ¡Ayúdame! ¡Buaaaaa!- Imploró el pintor derrumbándose a sus pies.
Ella lo observó durante unos segundos, apartándose con cierta repulsión de aquel desesperado ser, y finalmente respondió:
- Bien, bien, pero por favor deja de suplicar… Te ves patético… -
Antes de que Jean pudiera deshacerse en más agradecimientos incómodos, la gerda abrió el cuadro de dos en dos con una herramienta futurista de aspecto obsoleto, similar en apariencia a una llave inglesa, creando un túnel que se extendía hacia su interior. Ella se adentró en el de un ágil y resignado salto; Jean al principio dudó de seguirla… ¿Meterse en un cuadro en blanco realmente será una buena idea? Pero después recordó que no tenía dinero ni para un chicle, por lo que la siguió sin cuestionarse.
Atravesaron un pasillo en negro, aunque en realidad parecían adoquines con ligeras luces. Luego todo se aclaró.
- ¡Bienvenido al “programa virtual de pin…” Ejem… Es decir… Dentro de tu cuadro, gerdo ignorante del pasado! - Anunció la “inspiración”.
- ¡ES TAL COMO LO HABÍA SOÑADO! - Gritó Le’Guerd llorando de alegría, arrodillándose ante aquella vista.
- Sí, sí, lo que digas… ¡Mira! - Ella presionó un par de botones del brazalete que llevaba en su muñeca, y virtualmente de su pistolas de agua empezó a salir pintura amarilla; la agitó un par de veces contra la “pared inexistente del mundo del lienzo” y logró crear un par de garabatos.
- Ok, esto salió peor de lo planeado… Esta “flor” representa al color amarillo, el cual se ocupa como metáfora de la… Em… Mantequilla, el sol y… ¿La felicidad?… Creo... – Dijo la “inspiración” señalando un garabato informe.
- ¡Sublime! ¡¡Simplemente sublime!! - Vitoreó el artista – ¡Por favor, continúe! -
La gerda volvió a teclear en su muñequera, cambiando el color de la “pintura” y recreando un feo “avión” de tres alas color azul.
- Azul… Es lindo… Es de mis favoritos… El cielo es azul… Mis botas antideslizantes también y Emm… Igual que… ¿El mar? - Continuó ella.
- ¡Glorioso! ¡Continúe, por favor! ¡Por amor al arte! ¡¡¡Continúe!!! - Respondió Le’Gerd girando su cabeza para apreciar mejor el pobre trazado.
La gerda hizo otra caricatura, ahora en rojo… Parece una cara.
- He aquí el rojo, color de las frambuesas… Y de… Em… Muchas banderas y… Autos deportivos… O, sí, y también de tu jefe (o el mío) cuando se enfada y empieza a gritar… El muy alegón… - Concluyó la gerda molesta.
- “La representación de la manipulación y los egoísmos cerdonios expresados en los vacíos ojos enfurecidos de un jefe sin espíritu moral”... ¡Esto es verdad pura! ¡Es increíble! - Declamó Le’Gerd, concordando de una manera muy extraña con la gerda, que no entendió ni una palabra de lo que dijo.
La guerrera del futuro “pintó” una sencilla línea verde.
- Y está el verde… No conozco muchas cosas verdes… No hay tantas en el futuro… Yo sé que las serpientes son verdes… Y que las lechugas solían serlo… Ahora son turquesa oscuro… - Terminó ella mirando su reloj.
- ¡Cuánta ferocidad! ¡Cuánta expresión de lo salvaje en tan pocas pinceladas! ¡Qué realismo! ¡Qué extraordinaria interpretación de la realidad! - Exclamó Le’Gerd sobrestimando una simple raya en la pared. - ¡Oh, por favor musa todopoderosa recubierta en una armadura anti-disparos! ¡Por favor! ¡Continúe enseñándome los verdaderos valores de aquellos colores tan mundanos, que yo ocupo en mis fútiles creaciones, miserables en comparación con su infinito intelecto y sabiduría! - Rogó el artista, arrodillándose frente a ella.
Mas… ¡NO!... ¡Hasta aquí! No lo soporta más. Ella ni siquiera logró entender ese último comentario al cien por cien… Por lo que, para evitar ahogarse en comentarios vacíos y superfluos sobre la vida y las pinturas, solo le quedó una única opción lógica para poder escapar y cumplir con su misión secreta.
De una patada devolvió a Jean a su desordenada y mal aseada habitación repleta de pinturas.
- ¡Felicidades! - Exclamó la voz de la gerda desde el cuadro, que ahora volvía a emanar luz. – ¡Te has graduado de la academia “Maousa” para artistas en crisis existencial! Desde ahora podrás… Emm… Pintar con intención, puntería y... -
- ¡Sí! ¡Tienes razón! ¡Tus elevados consejos de pintura siempre estarán en mi corazón y en mi testa! ¡¡Merci beaucoup, mademoiselle, merci beaucoup!! ¡Gracias! - Gritó Jean tan fuerte que incluso el casero lo oyó.
- Sí, sí, sí… Lo que digas… - Respondió la voz desde el lienzo, que pronto se sacudió y dejo de brillar.
Posterior a esto, Le’Gerd se puso manitos a la obra. En menos de una hora, acabó una de las pinturas más complejas y hermosas que ningún gerdo haya visto jamás, logró pagar su renta (para frustración de su casero) y recibió vítores y felicitaciones internacionalmente por su obra titulada “Oda a mi Aburrimiento”.
FIN
STORMER