Érase una vez: ¡Invasión!
Timothy era un cerdo común… Tenía su pequeña casita color marengo, adquirida con ayuda de sus padres, la cual limpiaba y cuidaba con esmero. Tenía un lindo jardín que podaba constantemente, para evitar que los baobabs se hiciesen con el total dominio sobre el. Tenía un empleo predecible y tranquilo (no tan bien remunerado como esperaba, pero aún así, su predictibilidad valía su remuneración). Tenía buenos amigos, bastantes; de ese tipo de amigos que harían cualquier cosa que se les pidiese y ellos responderían de manera gratuita y sin cuestionar… En palabras sencillas, buenos contactos... ¡Como muchos otros cerdos que pasean comúnmente por el infinito espacio transitable que llaman hogar!
- ¡Adoro los completos! - Se dijo nuestro protagonista mientras compraba su comida callejera. - No es simplemente comprar un embutido en un pan con aderezo barato… ¡Es mucho más que eso! ¡Es comprar “la experiencia” de la comodidad a la hora de almorzar! -
Mas lamento decir que toda aquella serenidad estaba a punto de cambiar irremediablemente para el pobre Timothy, en este día nublado… Pobre… Pobre Timothy… En pocos instantes verá cómo la totalidad de su frágil ilusión se desmorona frente a sus bizcos ojos… Como un castillo de naipes mal armado… Aquí en la “Dimensión desHOGnocida”…
- Su cambio señor… - Dijo el vendedor de completos, entregándole a Timothy un saco de monedas.
- Muchas… Ñom, Ñom, Ñom... Gracias, buen hombre... Ñom, Ñom, Ñom… - Respondió Timothy, absorto en su delicioso almuerzo.
Nuestro protagonista caminó por el centro de la ciudad, donde muchos otros cerdos comunes transitaban, al igual que él, por las concurridas calles de una ciudad que no planificó muy bien su crecimiento urbano. Algunos caminaban a sus trabajos, otros trotaban jurando que esto los haría bajar de peso, otros huían de números repetitivos y algunos otros buscaban financiamiento para “Zucchinis de espuma de felpa”… Todos en su propia forma de normalidad.
Pero Timothy no lo vio… Ensimismado en su “completa distracción por culpa de completo”, chocó con la espalda de otro transeúnte de bizca apariencia, que solo estaba parado allí.
¡WAM!
Timothy cayó al suelo como si hubiera chocado contra una pared metálica después de haber escuchado un sonido de choque del mismo material.
- ¡Oh, disculpe señor! No quise chocar con usted… Es que estaba taaaan ocupado comiendo mi delicioso almuerzo, que se me olvidó que existían más cerdos en esta ciudad… ¡Cositas que pasan!… no está molesto por esto, ¿cierto? - Se disculpó Timothy apresuradamente, levantándose y terminando de tragar su almuerzo.
El otro transeúnte no reaccionó a su comentario… Lo observaba (con expresión bizca e inerte, de ojos vidriosos y vacíos), pero lo observaba… Luego, con suavidad y cada vez más patente, comenzó a sacudirse y a ponerse de color rojo vivo… Y después a sacar humo.
- Ohhhh, no… Está molesto conmigo por haberlo empujado… - Se dijo Timothy a si mismo, viendo al cerdo sacudirse como si fuera explotar. – Tal vez si le comprase un completo se sentiría mejor… -
Pero nada de eso fue necesario, porque la cabeza del cerdo empujado empezó a girar como si se tratase de un tornillo; luego se abrió, dejando escapar una gran bola de vapor, que precedió al piloto de aquel robot con forma de cerdo… ¡UN PUPSIE EN BUSCA DE AIRE FRESCO POR CULPA DEL SOBRECALENTAMIENTO DE SU TRAJE MECÁNICO!
Timothy reaccionó como lo haría cualquier cerdo común ante la revelación de que un pupsie (las normalmente mascotas de los cerdos) se estuviese disfrazando como uno para poder infiltrarse sin ser detectado en su sociedad “avanzada”…
- ¡AAAAAAAAAHHHH! ¡Un pupsie se ha estado disfrazando como un cerdo para infiltrarse en nuestra sociedad avanzada! - Gritó el pobre Timothy, agitando sus brazos con horror, como si toda su realidad se desdibujase frente a sus ojos.
- ¡¡¡Wriiiiiiiiiiiiii!!! - Le respondió el pupsie, tomando un vaso de agua e intentando refrescarse.
Timothy salió corriendo al restaurante más cercano… Todo el mundo sabe que si has logrado conseguir una noticia impactante y extraordinaria, lo primero que tienes que hacer es gritarla por los aires en un lugar alimenticio (o público) donde todos puedan oírlo, para que así se pueda seguir esparciendo el rumor de la forma más rápida, lejos e imprecisa posible.
Abriendo las puertas del establecimiento de par en par, gritó:
- ¡Los pupsies nos invaden! ¡Están entre nosotros! ¡Se ocultan con trajes mecánicos! No se alteren, por favor… -
Los cerdos lo miraron como si se tratase de un juego... Luego miraron sus relojes (alguno, con mejor sentido del humor, soltó una carcajada en lo profundo del establecimiento) y luego siguieron comiendo… Y otros se pararon para pagar la cuenta.
- ¡Es verdad! ¡No me ignoren! - Gritó Timothy, agitando sus brazos y encaramándose sobre las mesas de los comensales, siendo apoteósicamente ignorado.
- Viejo… ¿Qué te pasa? - Comentó un cerdo con una pequeña maraña de pelo rojizo entrando por la puerta.
- ¡Los pupsies nos invaden! ¡Se están disfrazando como nosotros! ¡Quieren reemplazarnos! ¡ESTÁN-ENTRE-NOSOTROS! - Vociferó Timothy aterrado por la sola idea de vivir en un mundo gobernado por sus mascotas… Era horrible… ¡Horrible!
- Pero… Si eso ya ocurrió… Observa. - El cerdo pelirrojo activo un botoncito azul en la espalda de Timothy.
Su cabeza dio vueltas, metafórica y literalmente. Tras una densa nube de vapor, se abrieron por completo las compuertas de su estomaguito, y por ellas apareció el verdadero Timothy… ¡UN PUPSIE MANEJANDO UN ROBOT!
- Ves, hermano. Tomamos el control hacia años… No es novedad… Solo que nadie se ha dado cuenta todavía… - Comentó el “cerdo que en realidad es un pupsie en un robot” de la maraña de pelo rojiza, ingresando al local para comprarse un completo de calidad media-alta…
- Wri. - Timothy no sabía que decir…
- Wri… - Su vida era una mentira… O lo había sido hasta que despertó...
- Wri… - ¿Fue realmente un pupsie toda su vida y nunca se dio cuenta?
- WRI… - ¿Y deberá serlo el resto de su vida?… ¡Deberá serlo el resto de su pupsie vida!
¡¡¡WRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII…!!!
El desgarrador grito de Timothy pudo escucharse a kilómetros a la redonda desde donde se encontraba, arrodillando en la entrada al comedor, el último lugar en el que estuvo el cerdo Timothy…
FIN
STORMER